ENVEJECER
     Nuevas respuestas a viejas preguntas

                                               Por  Rick Weiss
                                   Nacional Geographic Nov. 1997


  La hermana Esther Boor recorre presurosa el pasillo que conduce al taller de cerámica de un convento católico romano, lleva un velo negro que se agita sobre su espalda. Desde que se retiro del magisterio ha encontrado gran placer en la cerámica. Eso fue hace seis anos, dice mientras hace un calculo mental rápido. En ese entonces tenia 96 años.

Me toma un momento darme cuenta de que esta monja tan activa, con zapatos deportivos y la cabeza completamente cana, nació seis años antes de terminar el siglo pasado. "Pensé que ya era hora de bajarle un poco al ritmo", comenta.
La hermana Esther es una de las 122 hermanas educadoras de Norte Dame, que tuvieron la amabilidad de permitirme visitar por unos días su convento, ubicado en el área rural de Mankato, Minnesota. Estas hermanas y otras 550, originarias de distintas regiones del país, se han
Ofrecido como voluntarias para someterse a una serie de pruebas a medida que vayan entrando en años, y para donar su cerebro después de su muerte, con el fin de ayudar a los científicos a desentrañar el misterio biológico del envejecimiento. El convento de Mankato, situado en lo alto de una colina que domina una vasta superficie de cultivos de soya, es el hogar de muchas hermanas, quienes para su edad, son muy activas. La hermana Matthia, de 103 años, ha tejido en los últimos años un par de mitones al DIA para obras de caridad. Cuando llegue al convento, iba en el par 1 378. La hermana Liguori, de 89 años, y la hermana Clarissa, de 87, son hermanas de sangre; ríen y bromean al recordar sus travesuras de la primaria como si hubieran sucedido el año pasado.
Sin embargo, no todas las hermanas han desafiado el tiempo. En una habitación tranquila del convento conocí a un grupo de seis monjas sentadas en sillas de ruedas alrededor de una gran mesa circular. Aunque casi todas son más jóvenes que sus "súper hermanas", tienen la espalda encorvada y los ojos vidriosos, y a algunas les escurre un hilillo de saliva por las comisuras de los labios. La enfermedad de Alzheimer, la apoplejía y la osteoporosis las han despojado de su mente y de su libertad de acción.
¿Por que? ¿Que es lo que hace que algunas personas sean blancos tan fáciles de las flechas del tiempo y que otras resistan tanto durante tantos años?
David Snowdon, epidemiólogo de la Universidad de Kentucky y director del estudio sobre las monjas, cuyo costo es de un millón de dólares al año, intenta averiguarlo. Sus investigaciones, junto con los estudios de otros científicos de gusanos, moscas, ratones y monos, están ayudando a despejar las interrogantes fundamentales de como y por que vamos perdiendo facultades conforme envejecemos y si hay algo que podamos hacer al respecto.
Snowdon, un investigador gregario que saluda a casi todas las monjas por su nombre, opina que el convento es un lugar perfecto para estudiar el envejecimiento porque todas las monjas han vivido sus anos consumiendo alimentos similares, cursando estudios similares y ejerciendo carreras similares; han evitado el cigarro, el alcohol, el matrimonio y la maternidad. Cuando se eliminan estas variables de estilo de vida, es mas fácil descubrir que factores biológicos hacen la diferencia entre las personas que envejecen rápidamente y las que no.
El estudio de Snowdon condujo al inesperado hallazgo de que parte de la perdida de memoria y de la demencia que manifiestan los enfermos de Alzheimer pueden ser debidas a pequeños ataques de apoplejía que han pasado inadvertidos, y no al padecimiento en si mismo. Como muchos de estos ataques pueden prevenirse, la idea de que esta enfermedad es imparable se ha tambaleado. El trabajo de Snowdon sugiere que, en algunas personas, algo tan sencillo como la ingestión de una aspirina diaria podría prevenir los síntomas de la enfermedad, esto es, no serviría para curarla pero si para evitar los ataques de apoplejía que ocasionan la mayor parte del daño.
"Nunca me imagine que ejercería buena parte de mi carrera en un convento lleno de monjas de edad avanzada", señala Snowdon con falsa modestia. "Pero este lugar es como una mina de oro. Apenas hemos empezado a explorar y ya hemos encontrado respuestas a muchas preguntas".
El ideal de descifrar la naturaleza del envejecimiento para evitarlo, se remonta por lo menos a los tiempos bíblicos, cuando los subiditos del rey David, ya entrado en años, le sugirieron que aceptara a una joven virgen para que le diera calor.
Desde entonces, sabios, científicos y curanderos van ofrecido innumerables antídotos. En el siglo III, los filósofos taoistas recomendaban ingerir cinabrio, mineral toxico de mercurio -una receta que termino con más vidas que las que prolongo—. En la creencia de que la absorción de oro por el organismo ayudaría a prolongar la vida, los alquimistas latinos de la Edad Media intentaron en vano hacerlo digerible. En el siglo XVII gano popularidad un remedio más accesible contra el envejecimiento: oler tierra fresca cada mañana.
Muchos gerontólogos de la antigüedad le dieron la razón a sir Francis Bacon, quien creía que la duración máxima de la vida dependía de la rapidez con que uno agotara su reserva personal de "espíritus vitales". Otros estudiaron la posibilidad de reponer estos "espíritus" en las fuentes de la juventud, mitificadas en numerosas culturas antes de que Juan Ponce de León llegara a las costas de la Florida en busca de la fuente que imagine.
En la actualidad, muchos partidarios de prolongar la vida tienen sus esperanzas en los biólogos moleculares, quienes están dedicados a descifrar las bases hormonales, celulares y genéticas de la vejez. Su prometedora aproximación a la biología del envejecimiento ha hecho surgir cuestionamientos de orden ético y económico difíciles de responder: ¿Una vida más prolongada es necesariamente mejor? ¿Quien debería decidir cuanto ha de vivir una persona? ¿Como se comportarían las generaciones futuras en un mundo en el que los ancianos —no importa cuan queridos sean— se rehusaran a morir?
Preparados o no, un experimento mundial para prolongar la vida humana ya esta en curso. La esperanza promedio de vida ha aumentado mas en los últimos 100 años que en los 2 mil anteriores, en gran medida gracias a los avances en materia de salud publica.

Antiguos romanos vivian un promedio de 22 años. Hoy día, un ciudadano de cualquier parte del mundo puede esperar vivir, en promedio, hasta 65 anos -desde un mínimo de 38 en Sierra Leona hasta un máximo de 80 en Japón-. En los Estados Unidos el hombre medio vive hasta los 72 años, mientras la mujer generalmente alcanza los 79, en comparación con el promedio de 47 años registrado en 1900. En latinoamérica la esperanza de vida fluctúa entre los 77 años, en Costa Rica, y los 61, en Bolivia. El incremento mundial de la longevidad esta propiciando un aumento explosivo de la población de ancianos y la disminución constante de las tasas de natalidad mundiales, lo cual significa que  en el próximo siglo un número proporcionalmente menor de ciudadanos jóvenes y de edad madura seguirán vivos y cuidaran a la población de ancianos, que a su vez alcanzara un nivel sin precedentes. Aun esta por verse la manera en que el mundo enfrentara tal desequilibrio. Singapur ya ha tornado una decisión al respecto, al establecer el pasado mes de junio un tribunal especial en el que los ancianos pueden interponer acciones legales contra sus hijos si no les brindan la atención adecuada en su vejez.
La edad puede ser un concepto vago, sin embargo, se aclara en un par de imágenes en blanco y negro proyectadas en un monitor de video. En una de ellas se aprecia un corte transversal del cerebro de una persona de 65 años, en la otra, el cerebro de un anciano de 83. "Vea esto", me dice Susan Resnick, investigadora del Institute Nacional del Envejecimiento (NIA). "No es necesario ser neurocirujano para darse cuenta de que el mas viejo es mas pequeño".
Visito a Resnick, quien trabaja en el Centre de Investigación Gerontológico del NIA en Baltimore, meca de la investigación sobre el envejecimiento y sede del Estudio Longitudinal sobre el Envejecimiento, el proyecto mas grande y prolongado a nivel mundial para llevar un control de los sucesos que conducen a la vejez.
Al examinar las imágenes de resonancia magnética en la pantalla se observa que, en efecto, el cerebro mas joven ocupa por completo el cráneo y tiene un aspecto sólido en su mayor parte, con pequeños ventrículos llenos de líquido, como es normal. En cambio, el cerebro del anciano de 83 años esta contraído y sus ventrículos ha aumentado de tamaño considerablemente. Los investigadores sospechan que entre mas grandes sean los ventrículos, mayores posibilidades hay de que la persona desvarié. La aplicación de exámenes de función cognitiva a personas mayores podría despejar esta incógnita.
Un buen estudio sobre el envejecimiento debe llevar un control de la evolución de las mismas personas ano tras ano conforme envejecen. Esto es lo que se ha estado haciendo en el estudio iniciado en Baltimore en 1958, que se actualiza con pruebas recién desarrolladas. Mas de 1100 personas participan actualmente en el estudio; cada dos anos vienen a Baltimore (algunos han viajado desde la India) para someterse a pruebas medicas y psicológicas durante dos días y medio.
Los resultados parecen un monologo del peor hipocondríaco del mundo, señala Reubin Andres, gerontólogo del NIA que funge como director clínico del proyecto. La vista se deteriora a medida que el cristalino se engruesa. El oído pierde primero su capacidad de captar tonos agudos y después los bajos. Los sentidos del olfato y del gusto se entorpecen. La piel se adelgaza y se empieza a colgar a medida que el andamiaje subyacente de proteínas estructurales se torna frágil y se colapsa. Los músculos se desgastan y la grasa se acumula, en especial al-rededor del abdomen. Los huesos se llenan de cavidades y se fracturan fácilmente, las articulaciones se desgastan. El corazón se debilita y no puede bombear con la misma eficiencia que antes. Prácticamente todos los demás órganos se deterioran en forma gradual, en especial los riñones y los pulmones, que por alguna razón se desgastan con particular rapidez. "Tal vez no sea una coincidencia que la Madre Naturaleza nos haya dotado con órganos pares", me comenta Andres. También me dice que a pesar de lo deprimente que pueda parecernos en un principio, puede haber algo esperanzador en el hecho de que prácticamente todas las partes del organismo se deterioren con la edad. Esto sugiere la posibilidad de que haya un proceso universal responsable de muchos aspectos del envejecimiento y que en caso de que logremos frenarlo, podríamos detener las manifestaciones distintivas de la decrepitud. Por cierto, un investigador en Wisconsin creyó haber identificado la clave en 1990, señala Andres. En un experimento con 21 hombres de edad avanza-da se acerco mas que nadie a la posibilidad de revertir el paso del tiempo.
Daniel Rudman, investigador del Medical College de Wisconsin, en Milwaukee, sabia que conforme las personas envejecen, la glándula pituitaria produce cantidades cada vez menores de una sustancia conocida como hormona humana del crecimiento. Y se pregunto: ¿es posible que los síntomas del envejecimiento obedezcan a la disminución de los niveles de esta hormona?
Durante seis meses Rudman administro tres veces a la semana inyecciones de la hormona del crecimiento a 12 hombres, entre 61 y 81 años; ello incremento sus niveles sanguíneos a los normales en un adulto joven. Los resultados fueron sorprendentes: la masa muscular de los hombres aumento casi 9 por ciento, la grasa disminuyo mas de 14 por ciento y la piel engrueso casi 7 por ciento -cambios que equivalen a regresar el reloj entre 10 y 20 años.
Pero no paso mucho tiempo antes de que algunos de los hombres desarrollaran efectos secundarios, entre ellos, el síndrome del túnel carpiano (una inflamación de los nervios), síntomas similares a los de la diabetes y un inusitado crecimiento de las mamas. Por otra parte, tan pronto como los hombres dejaron de tomar la hormona -lo que representa un gasto anual de $10 mil a $20 mil dólares- los beneficios desaparecieron rápidamente: la grasa regreso y los ancianos simplemente volvieron a ser ancianos.
Desde entonces, la atención del publico preocupado por retardar la vejez se desvió a otras hormonas que también disminuyen de manera natural con la edad, como la DHEA (la dehidroepiandrosterona, cuya función aun no se conoce del todo) y la melatonina (secretada por la glándula pineal en el cerebro, donde al parecer interviene en la programación del reloj biológico del organismo).
Aunque las dosis suplementarias de ciertas hormonas pueden tener beneficios específicos a largo plazo -como los estrógenos que previenen las enfermedades del corazón y la osteoporosis en algunas mujeres menopausias-, por ahora los científicos coinciden en que ninguna hormona tiene el secreto de la eterna juventud.
Me anima a pensar que visitare a Caleb Finch, en la Universidad del Sur de California, en Los Angeles. Finch es un biólogo reconocido mundialmente y con una perspectiva especial del envejecimiento que proviene de haber estudiado el proceso en cientos de especies, desde elefantes africanos hasta pinos americanos.
"No hay razón para creer que existe un limite intrínseco al numero de años que podemos vivir", me comenta Finch. "La duración de la vida es completamente maleable". Sin embargo, esto no significa que haya personas que sobrepasen los 120 años, que es el limite de edad razonable que un ser humano puede esperar.
Jeanne Calment de Aries, Francia, fue la persona de mayor edad de quien se ha tenido registro hasta la fecha. Era una anciana impertinente de voz suave, quien falleció el pasado mes de agosto, a la edad de 122 años. Había dejado de fumar cinco años antes de su muerte.
El hecho de que los humanos tengamos posibilidades de vivir tanto tiempo -mas que cualquier otro mamífero y mucho mas que el promedio de vida de especies muy longevas- es, en cierta manera, un tribute a nuestra condición de especie profundamente social. En la mayoría de las especies, cuando un animal pierde la capacidad de reproducirse, imperativo primordial de la evolución, la naturaleza pierde el interés por favorecer su supervivencia. En cambio, en especies sociales como la nuestra, representa una ventaja el que los adultos sobrevivan más tiempo del necesario para la crianza de los hijos. Los abuelos, por ejemplo, generalmente son excelentes niñeras, lo que permite a los padres conseguir alimentos y proteger su territorio. En determinadas especies, solo los individuos de edad avanzada pueden recordar donde encontrar agua u otros recursos durante sequías extremas y demás desastres que ocurren ocasionalmente cada cien anos.
No importa cuan útiles puedan ser los ancianos se van debilitando gradualmente, volviéndose cada vez mas propensos a sufrir problemas médicos y accidentes. Segun Finch, si los cientificos aspiran a prolongar la vida mas alla del record establecido por Madame Calment, tendran que descubrir las causas del deterioro. Los biólogos discuten acaloradamente acerca de cual es con exactitud el mecanismo fundamental del envejecimiento. Algunos dicen que el proceso de envejecer esta vinculado con la programación genética; otros, que es una cuestión de desgaste físico, principalmente causado por la exposición al oxigeno, un elemento necesario y dañino a la vez para la mayoría de los organismos. De cualquier modo, los científicos son capaces de retardar el proceso, pero ¿que hipótesis deben privilegiar?
Finch menciona que la duración máxima de vida de otras especies podría aportar algunas pistas. Las moscas de la fruta viven de 30 a 40 días; los ratones de campo, por lo general tres años; los gerbos, seis; las cabras montañesas, 14; los delfines, 25; y los elefantes africanos, 48. Un patrón surge de estos datos: las especies más pequeñas generalmente viven menos que las grandes. ¿Acaso sus programas de funcionamiento son mas rápidos, o son mas proclives al deterioro? Una forma de saberlo es estudiar las excepciones -por ejemplo, las especies que son pequeñas pero longevas- y las diferencias que guardan con sus semejantes. Diversas especies de tortugas viven mucho tiempo para su tamaño. Algunas tortugas de agua dulce llegan a vivir 50 años o más, y las tortugas de las Galápagos a veces rebasan los 100. Son de especial interés para los gerontólogos porque prácticamente no muestran signos de envejecimiento a lo largo de su vida. No pierden sus facultades ni se debilitan, no acumulan grasa y la mayoría siguen siendo fértiles hasta su muerte. De cierta manera representan el modelo de envejecimiento ideal de las personas: mantenerse saludables y activas por un largo periodo, y sufrir una muerte rápida ocasionada por un accidente o enfermedad fatal.
"Lo   que   hemos   descubierto",   comenta Whit Gibbons, biólogo del Laboratorio de Ecología del Rio Savannah, en la Universidad de Georgia, "es que no importa cuanto vivan, las tortugas no muestran indicios de senilidad". ¿Como le hacen? Una explicación es que están programadas genéticamente para vivir más que otros animales.
La idea de que el envejecimiento podría estar relacionado con un programa biológico tuvo un gran auge en los años sesenta, cuando el biólogo Leonard Hayflick, actualmente investigador en la Universidad de California, en San Francisco, demostró que las celulas de especies longevas se dividen un mayor numero de veces que las de especies que viven menos. Al parecer cada célula cuenta con un programa que le indica cuantas veces puede dividirse, al tiempo que marca como un reloj cada división, hasta llegar al límite. Después, las celulas envejecen y el organismo empieza a deteriorarse.
Las tortugas se encuentran entre los pocos animales, incluidos ciertos peces, que crecen durante toda su vida. Esto sugiere que sus celulas no tienen las mismas restricciones genéticas de las celulas de muchos animales que viven menos. Asimismo, refuerza la idea de que el límite de vida de las tortugas es parte de un programa de funcionamiento de mayor duración. Otra posibilidad es que las tortugas logren "mantenerse jóvenes" mas tiempo por ser resistentes al desgaste biológico, lo que a su vez sustenta la otra teoría fundamental sobre el envejecimiento: que el oxigeno las daña menos.
El oxigeno es esencial para la vida animal, ya que alimenta los reactores donde se produce la energía de la célula. Como consecuencia de estas violentas reacciones metabólicas, algunas moléculas de oxigeno se cargan eléctricamente, dando origen a los radicales libres, capaces de derretir fragmentos de membranas celulares y de dañar segmentos del material genético. Muchos expertos creen que los radicales libres son responsables de gran parte del deterioro físico y mental progresivo.
El metabolismo de las tortugas, animales de sangre fria, es muy lento. Quizás no sea una coincidencia el que otros animales con metabolismo lento también tengan una vida relativamente larga, incluidas varias especies de serpientes, peces y ranas. Sin embargo, nadie sabe si las personas con metabolismos ligeramente más lentos viven bastante más que los de metabolismos rápidos. La norma dista de ser perfecta: algunas aves, cuya intensidad metabólica es muy alta, viven mucho tiempo.
Mediante estudios en curso puede determinarse si la longevidad de las tortugas se debe principalmente a la programación genética de sus celulas o a la química de su sangre fría-o a una adaptación evolutiva del todo diferente.
Sin embargo, Gibbons encuentra cierta ironía en el hecho de que los estudios de las tortugas contribuyan a prolongar la vida humana. Después de todo, el hombre es la única amenaza seria a la supervivencia de estos reptiles, que de otra manera vivirían más tiempo. El hombre las captura para convertirlas en mascotas, las mata para usar su caparazón y seca sus tierras pantanosas para construir asilos de ancianos.
"Si las tortugas supieran lo que les conviene", apunta Gibbons, "no revelarían su secreto".
Nunca pensé buscar una fuente de la juventud en una caja llena de gusanos, pero esto es precisamente lo que hago en Boulder, Colorado. Se trata de nematodos de apenas un milímetro de largo de la especie Caenorhabditis elegans. Aunque viven en la tierra y se alimentan de bacterias putrefactas, vistos a través del microscopio son en verdad hermosos. Lo mas impresionante es que tienen alrededor de 40 días de edad, es decir, casi el doble de lo que un nematodo normal vive.
Su longevidad se debe solo a una mutación en uno de sus 13 mil genes -un gen al que atinadamente se le llama edad-1—. Tom Johnson, investigador de la Universidad de Colorado en cuyo laboratorio me encuentro de visita, explica que este es uno de los diversos genes de nematodo aislados recientemente, que al sufrir alguna mutación pueden extender de manera considerable la duración de la vida del gusano. Este hallazgo dio credibilidad a la idea de que el envejecimiento puede estar controlado por un programa molecular.

Desde hace tiempo se sabe que los genes pueden influir en la duración de la vida. Una buena forma de predecir el tiempo que vivirá una persona es investigar cuanto vivieron sus padres, prueba de que la longevidad es, al menos parcialmente, una cuestión de herencia. Ciertos genes afectan de manera indirecta la esperanza de vida al alterar la probabilidad de contraer una enfermedad mortal. Últimamente los científicos han descubierto algunas mutaciones génicas que al parecer influyen de manera específica en el envejecimiento. Por ejemplo, el ano pasado los investigadores detectaron una mutación causante del síndrome de Werner, enfermedad que imita ciertos aspectos del envejecimiento humano. Las personas que la padecen empiezan a arrugar-se y encanecer desde los veinte años, pocos años después desarrollan cataratas y, entre los 30 y 40 años, enferman de cáncer y del corazón; por lo general mueren antes de cumplir cincuenta.
Estudios recientes sugieren que la mutación de Werner acorta la vida porque interfiere con la capacidad del organismo para reparar los daños causados por el metabolismo, a diferencia de la mutación en el gen edad-1, que la alarga al mejorar la capacidad para reducir, tolerar o reparar los danos. ¿Será posible que el secreto de la longevidad resida en algo tan elemental como la capacidad para contrarrestar los efectos nocivos del metabolismo? Y si así es, ¿hay alguna forma de regular la temperatura de ese horno metabólico sin necesidad de cambiar nuestros genes?
Rick Weindruch, de la Universidad Wisconsin-Madison, considera que las respuestas a estas preguntas son afirmativas. Su secreto para prolongar la vida es comer menos. A partir de estudios realizados en los anos treinta, Rick Weindruch ha demostrado que los ratones de laboratorio pueden vivir hasta 50 por ciento más de lo normal si su consumo de calorías se reduce 60 por ciento. Hasta ahora este es el único método que ha demostrado prolongar la vida de los mamíferos. Y aunque no ha sido aplicado de manera sistemática en personas, Weindruch y otros sospechan que tendría el mismo efecto que en los ratones: prolongar la vida, reforzar los sistemas inmunológicos, disminuir y retardar la incidencia de diabetes, cáncer y otros padecimientos propios de la vejez.
Reducir las calorías de la dieta de los ratones y conservar los nutrientes que necesitan es todo un reto. Pero funciona, posible-mente porque disminuye los danos causados por el metabolismo.
Recientemente, Weindruch se ha dedicado a experimentar con ratones de edad madura que somete a una dieta especial. "Tengo fama de emprender estudios de restricción del consume calórico en animales de la misma edad que yo", bromea Weindruch, de 47 años, mientras nos dirigimos al edificio donde están los ratones. En ese lugar, me muestra los enormes barriles que contienen el alimento básico de los ratones adultos que son sometidos a una dieta estricta. El polvo amarillo, enriquecido con todas las vitaminas y minerales que un ratón necesita, se mezcla con agua caliente y un agente gelatinoso para producir una sustancia que contiene la tercera parte de la cantidad normal de calorías. A continuación, nos dirigimos a un cuarto con jaulas de alambre apiladas y llenas de ratones color gris oscuro.
"Mire estos pelajes", señala Weindruch, ad-mirando la piel de los animales. "Parecen ratones jóvenes, pero no lo son. Este ejemplar tiene 32 meses, unos pocos mas que el limite de vida a que puede aspirar un ratón de su tipo. Obtuvimos este resultado a pesar de que disfruto de una dieta normal hasta que cumplió un año —la edad madura para un ratón—. El 70 por ciento de su grupo viven aun, en comparación con el 28 por ciento del grupo control, que se mantuvieron bajo una dieta normal".

Entramos al cuarto del grupo de ratones control, donde casi todas las jaulas estaban vacías. "Aquí ya solo quedan 21 de los 75 animales que teníamos originalmente", me comenta Weindruch."Vea en que condición se encuentran". Algunos cojean, otros ya no tienen pelo en ciertas partes del cuerpo, o han desarrollado tumores. Cuando llame a Weindruch cuatro meses después para que me diera noticias, me dijo que todos los ratones viejos del grupo control habían muerto, en cambio, 15 de los ratones geriátricos con dieta restringida estaban en buenas condiciones. Después de otros cuatro meses, ocho de los 15 seguían vivos, aunque en "años ratón" eran tan viejos como una persona de más de cien años.
Del laboratorio nos dirigimos al Centro Regional de Wisconsin para la Investigación de Primates, donde se realizan experimentos similares para estudiar el envejecimiento en un grupo de macacos de la India. Estos experimentos tienen mayor duración que los estudios con ratones porque los macacos generalmente   viven    30    años    o    mas.    Los  resultados de ocho años de restricción en el consume calórico de monos maduros son similares a los obtenidos con los roedores.
Sin embargo, la restricción calórica tiene una desventaja que resulta evidente hasta para un observador ocasional que visite el laboratorio a la hora de la comida. Los monos se vuelven locos cuando ven el alimento y agarran con avidez sus magras raciones. Pienso en lo que representaría para mi reducir mi consume de calorías diario tan solo 30 por ciento. Weindruch reconoce que el hambre puede ser el mayor impedimento para prolongar la vida humana. "Ni yo, que he estudiado esto durante 20 años, lo he conseguido", confiesa con un ligero asomo de vergüenza. "No soy capaz de someterme a la misma situación a que someto a mis animales". Weindruch recomienda una dieta baja en grasas (para reducir el consume de calorías) y rica en frutas y verduras (ricas en antioxidantes que neutralizan los radicales libres).
Miriam Nelson, fisióloga del Centro de Investigación de la Nutrición Humana en la Senectud, en Boston (institución que depende del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), ha realizado una notable serie de experimentos con ancianos endebles. El cuarto del laboratorio de fisiología de la Universidad Tufts esta lleno de camina-doras, bicicletas fijas y pesas. Los "miembros" de este gimnasio son personas de edad avanzada que normalmente se cansan con solo subir las escaleras. El entrenamiento de estos ancianos con un programa de levanta-miento de pesas ideado para ellos, ha llevado a Nelson y a sus colegas a demostrar que aun los nonagenarios enclenques son capaces de recuperar la fuerza y vitalidad de sus 30 anos. Pueden lograrlo sin necesidad del equipo especial que hay en este cuarto, tan solo requieren hacer ejercicios sencillos dentro y fuera de su casa.
"Mucho de lo que se entiende como envejecer, es en realidad una consecuencia de la inactividad y la nutrición deficiente", señala Nelson. "No es tan difícil cambiar esto". En un estudio realizado con cien residentes de un asilo, cuyas edades fluctuaban entre los 72 y los 98 años, diez semanas de entrenamiento con pesas fueron suficientes para incrementar más del doble su fuerza muscular, acelerar su paso y mejorar su capacidad para subir escaleras. Otro estudio con 40 mujeres, en su mayoría sedentarias, entre los 50 y los 70 años, consistió en dos días de ejercicio a la semana durante un año; los incrementos de masa muscular, fuerza, equilibrio y densidad ósea fueron sustanciales (los mismos tipos de cambios que se han producido con inyecciones de hormona del crecimiento, pero sin ninguno de sus efectos secundarios).
"Cuando empezamos, teniamos miedo de romper ligamentos, tendones y músculos", dice Nelson. "Lo que obtuvimos fueron personas mas saludables". Parece ser que el ejercicio induce de manera natural muchos
de los mecanismos contra el envejecimiento. Los científicos han intentado comprenderlos por separado a través de estudios sobre suplementos hormonales, restricción de calorías y genes de la longevidad. El ejercicio aumenta la masa muscular y ayuda a quemar grasa, hace que el corazón y los pulmones trabajen con mayor eficiencia, disminuye la concentración de azucares en la sangre -que pueden obstruir los sistemas del organismo-, incrementa el flujo de sangre al cerebro -que favorece la actividad mental-, y fortalece los huesos.
Por desgracia, el ejercicio también aumenta la intensidad metabólica del organismo; sin embargo, si es moderado compensa automáticamente ese incremento, al estimular la producción de unas pequeñas moléculas llamadas antioxidantes.
La mayoría de las celulas del cuerpo producen diferentes antioxidantes para neutralizar las moléculas de radicales libres generadas por el metabolismo. Entre ellas están las enzimas como la superoxido dismutasa y la catalasa. ¿Será posible que los antioxidantes prolonguen la vida?
EN UN EXPERIMENTO se modificaron genéticamente moscas de la fruta, con el fin de que produjeran grandes cantidades de estos antioxidantes naturales; 30 por ciento vivieron más que las moscas normales. Las moscas revoloteaban en los frascos de vidrio como si tuvieran la mitad de su edad. En estudios ulteriores se observe que los radicales libres habían dañado sus tejidos mucho menos de lo normal, prueba de que los antioxidantes
estaban cumpliendo su misión. Nadie sabe si pueden prolongar la vida de las personas, pero se ha demostrado que algunos complementos dietéticas de antioxidantes, como las vitaminas E y C, reducen el riesgo de enfermedades del corazón, cataratas y cambios de la piel que pueden ser precursores de cáncer. Es posible que los antioxidantes, tornados en tabletas o producidos en forma natural por el organismo, ofrezcan un antídoto contra los danos causados por el ejercicio, ya que, sin duda alguna, el efecto neto del ejercicio moderado es claramente positivo.
No solo el organismo que se ejercita puede comportarse como si fuera mas joven. Las ratas que se mantienen en un ambiente visual e intelectual estimulante -por ejemplo laberintos complicados-, son más inteligentes cuando envejecen que aquellas que permanecen en jaulas ordinarias. Se ha demostrado que lo mismo sucede con las personas. Los adultos que no dejan de leer, aprender e interactuar con otros tienen me-nos probabilidades de perder la memoria o volverse seniles que aquellos que se retraen en si mismos conforme envejecen. La mente es como un músculo, por lo que la mejor forma de mantenerla en buenas condiciones es ejercitarla regularmente.
DE REGRESO AL convento en Mankato, atravesé un prado congelado para asistir a la primera misa en la capilla. Un electrizante amanecer, con vetas de tonos rosas y anaranjados intensos, iluminaba la silenciosa y apacible mañana. En el interior, las hermanas entraban lentamente del pasillo que conduce a sus habitaciones. Algunas lo hacían sin ayuda, otras llegaban con andaderas metálicas o en sillas de ruedas, empujadas por hermanas no mucho mas jóvenes que ellas. Ahora se que las razones de las diferencias en vitalidad pueden ser encontradas parcialmente en los genes —los patrones aleatorios de la herencia responsables de la gran diversidad humana-. Y también se que, en cierta medida, esta diversidad obedece a diferencias en la actividad física y mental. Pero al observar a las hermanas me doy cuenta de que envejecer implica más que cuestiones biológicas, de estilo de vida, genéticas y ambientales. También es una cuestión sociológica, de como una persona comparte la experiencia de la vejez con otros.
Los gerontólogos apenas empiezan a reconocer las formas en que los factores sociales y psicológicos contribuyen a mejorar la calidad de vida en la senectud, e incluso a la longevidad. Se ha demostrado que los ancianos que cuentan con el apoyo emocional de amigos y familiares presentan en su sangre niveles más bajos de hormonas que causan estrés, y tiene menos probabilidades de morir en un futuro cercano que aquellos que se sienten solos y aislados. Los científicos no conocen todas las formas en que las emociones y las actitudes influyen en la salud física, pero esta parece mejorar cuando se da y se comparte.
Las personas de edad avanzada son más felices y sanas cuando tienen mascotas, en especial si se ocupan de cuidarlas. Algo en la acción de cuidar a otros parece mejorar nuestro "espíritu vital". Tal generosidad esta presente en las participantes del estudio de las monjas, quienes donaran su cerebro para beneficio de otros.
"Señor, ¿quienes somos para que te ocupes de nosotras?" leyó la hermana Ann Marie Merth, quien dirigía las plegarias de esa mañana en la capilla. "Meros mortales a quienes tienes presentes. Seres humanos que no son mas que un aliento, cuyas vidas se desvanecen como una sombra fugaz...”
Estas palabras podrían sonar tristes, pero de cierta forma, en la capilla no lo son. En esta comunidad, donde las ancianas se cuidan mutuamente, el secreto de envejecer radica en encontrar un equilibrio armonioso entre mantenerse joven y aceptar la naturaleza efímera de la vida.
Recuerdo una conversación con la animosa hermana Esther Boor, de cien años, sobre el placer de jugar a las cartas. "Me gusta ganar", me dijo, "pero no me molesta perder". Me dio la impresión de que esa es su actitud ante la vida misma y que en alguna forma ha contribuido a su felicidad y su longevidad. Es una actitud que nunca saldrá a relucir en los estudios de Snowdon del cerebro de las hermanas."Adoro a estas hermanas", dice Snowdon al hablar de ellas, quienes le hacen bromas constantemente preguntándole cuando se casara. "Son los genes de esta mina de oro" me comenta al referirse a estas hermanas que han dedicado su vida al servicio de sus semejantes y encontrado la forma de hacerlo aun después de su muerte. "Este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros", entono el sacerdote en la capilla. Observe los labios de las hermanas, que en silencio acompañaban las palabras del sacerdote: "Haced esto", dijeron, "en memoria mia".